sábado 21 de noviembre de 2009

Cuando ríen los ángeles.

El cantar de un pajarillo es el único saludo que recibe el Sol cuando llega a casa. Un pajarillo, liviano y pequeñito, contento e impaciente por vivir un día lleno de alegría. De vivas pupilas y suaves plumas maquilladas con cielos eternos, y deseos en armonía.

Yo me levanto a unos minutos de la mitad del día. Para entonces el Sol ya esta entero, fuerte y repleto de energía. Le doy como puedo los buenos días. Me desplazo hasta la cocina y busco ese tarro moreno que hace las funciones de desfilibrador domestico. Solo cuando su néctar acaricia mis labios adormecidos es cuando me percato de lo que esperaba enseñarme este astro amigo.


Una mañana agradable más que alegre, sinuosa y tierna; rebosantes de luces como sonrisas, de sonidos cálidos, de latidos rítmicos de mi corazón perturbado, de esas caricias que te desarman, de esos deseos que se besan y se callan... una de esas mañanas, en las que una sonrisa es la dueña y señora de mi cara.

Cuando ya he disfrutado más de media taza, del manjar mencionado, y una vez comprobado que aquella mañana era distinta, sin llegar a decir rara; y yo allí con esta sonrisa tirana, implantada en mi cara. Volví para ver como estaba la mañana de puertas para dentro en mi, ya no tan humilde, morada.


Mis pies ya hacen bien aquello para lo que han sido diseñados, moverse uno tras otro, paso a paso. Sin remedio, ni disimulo voy casi guiado por el invisible zumbido radioactivo que emite el trocito del dios Mercurio que todos tenemos en nuestras vidas. El mismo que deje anoche en el salón, aburrido de esperar, junto a un cenicero a rebosar; motivo por el que me he perdido esta mañana linda, y lista para vivir y recordar. El colofón de la presentación de un día soñado, llega a su fin y tiene al público embelesado, deseando que ponga The End para ponerse en pie y hacer que todo estalle en los aplausos.


Cojo el aparatito, lo deslizo con ternura, sensualidad y tacto; y mis pupilas corren como perros adiestrados, para encontrar las palabras que espero. Las que no se lleva el viento, esas que están fuera del espacio y del tiempo, las que deseo, quiero y anhelo...


En vez de eso encuentro unas sonrisas inocentes y juguetonas, blancas, lejanas, puras y sin miedo. Son las sonrisas de los ángeles; y me recuerdan que el paraíso para todos... no está abierto.

jueves 29 de octubre de 2009

Por primera vez...

Por primera vez en mucho tiempo; tanto que ni recuerdo haya existido la última, no hay nubes que ensombrezcan el camino, ni mentiras a mi mismo que emborronen mi destino. Los días son claros y cálidos cuando estas hasta donde abarcan mis brazos, y largos cuando es el ocaso del sol quien marca la puerta que da a tu habitación.


Ni brujas, hadas, ninfas ni nada salido de una flor de azahar. Sólo tu, morena de ojos verdes, que parece empujar mi vida a la libertad. Una mujer, como no, un sueño como un beso por la mañana al despertar, un espíritu libre e inmenso como el mar, una luz errante en el firmamento que viene a mis brazos a descansar.


Nada parece imposible.


Nada.


La misma nada que hasta hace días me desorientaba y ni me dejaba respirar. La misma y tan distinta como el antes y después entre aquellos dos coches; vigilantes durmientes de acero, testigos del nacimiento de lo eterno, testigos de un amor sin miedos, el uno volcado en el otro; como las olas acarician la costa, guiadas por las mareas producidas por el baile celestial.


Y si viene el mismo Dios a reclamar su ángel caído... aquí me encontrará, en mitad del camino, para no dejarle pasar.

lunes 26 de octubre de 2009

Cuando me miras y ves... que te estoy mirando

La noche pasa y no me muevo.
Desterrarte seria matar la esperanza.
Atraparte sería vil y negro.
Sólo quiero que me ames a tu forma,
como yo te quiero.
Te conozco y nunca te he visto,
te siento aqui muy dentro.
Por ver tus ojos me desvivo,
por tenerte junto a mi muero.
Nada tengo que decir,
porque las palabras se las lleva el viento.
"Tu y yo" no es una frase,
mas un sentimiento, grabado a fuego.
Mi corazón ya esta curado,
de espanto y malos sentimientos.
Preparado para amores cotidianos,
quizás no para este... nacido eterno.
Cuando un parpadeo estando frente a ti,
es una condena al infierno.
Cuando horas sin ti son eras enteras
que apalean mi corazón maltrecho.
Cuando días sin verte se convierten
en negros remordimientos.
Cuando al cerrar los ojos veo tu sonrisa,
esta claro... soy esclavo de tus besos.
Volver a sentirme afortunado
al coger a alguien de la mano.
Correr juntos hasta el borde del acantilado
y ¡saltar!... a lo más alto.
Sin más alas que el sabor de tus labios,
tu cara risueña cuando me miras y ves...
que te estoy mirando.

domingo 11 de octubre de 2009

Huérfana


Huérfana queda mi alma,
cuando las palabras de otro
la cobijan y engalanan.

Huérfana esta mi espada,
cuando la guerra es la vida
que día a día se declara.

Huérfana es la noche
sin esa boca que entre susurros,
me dice que me ama.

Huérfana se muestra tu sonrisa
como la fugaz y suave brisa,
de ilusión y pasión privada.

¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!

Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada.

Oigo flotando en olas de armonías
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran... ¿Qué sucede?
¿Dime?... ¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!

G.A. Bécquer.

jueves 10 de septiembre de 2009


a ver... necesito ayuda... la expresion "hasta los cojones" no expresa la totalidad de lo que siento. ¿A alguien se le ocurre alguna expresion más adecuada?... gracias.

sábado 29 de agosto de 2009

No vienen... porque nunca se han ido

Vienen mientras me ducho... voces que me cuentan historias y relatos asombrosos. Susurros que me acompañan en el trayecto hacia la isla de Morfeo. Palabras que se conocen, encajan y bailan danzas de eternidad en mi cabeza, mientras veo la tele, leo un libro. Cuando voy a pagar en el supermercado, mientras cuento las monedas, ráfagas de luz despiertan mis neuronas, sacando en unos instantes, montones de combinaciones de colores y formas extravagantes, convirtiendo los sonidos en letras que juguetean entre ellas volviéndose poemas. Que se meten entre mis dedos y desvanecen como la niebla, colándose por las rendijas de una puerta.

Dejadme en paz.
Quiero estar solo.
No pensar en nada.
No recordar aquel momento.
No sentir frió, gozo,
ansiedad ni miedo.
Me tumbo en el suelo del salón...
y hago como que estoy muerto.

Me aburro. El suelo está duro, y la muerte es fría y larga. Abro los ojos y estoy en mitad del salón, como una de esas marcas de tiza en el suelo de algún capítulo de Sherlook Holmes. Todo parece quieto a mi alrededor, como suspendido en un espacio sin tiempo aquí en mi salón. Parecen que se han ido... pero no, ¡maldición!

Aquí vuelven, encarnadas
en la suave caricia
que me brinda la brisa,
en mi pie descalzo,
del final de una tarde de verano.

Me incorporo despacio. Un profundo respiro-suspiro sale como resignado. Miro tranquilamente hacia izquierda y derecha como buscando algo. Me crujo el cuello levemente, primero uno y luego el otro lado. Me levanto. Ando. Sigo haciendo lo que hacía. Eso sí... ahora más descansado.