viernes 27 de julio de 2007

En el Valle de la Soledad

Aquí en el valle de la soledad, el tiempo se escurre entre las hojas de los árboles. Los pájaros lo sobre vuelan sin hacer más ruido que el chocar de sus alas en el aire. El río que baja bravo de las montañas, aquí parece una balsa de aceite estanca. El viento solo acierta a mover algunos pelos de mi cabeza enmarañada. El Sol no recuerda que por aquí también ha de moverse de este a oeste. La Luna sólo muestra su cara oculta y las estrellas emigraron como cometas hacia otros cielos. El camino que lo atraviesa de norte a sur, siempre lleno de barro se pierde sinuoso entre las rocas.

Todo parece dar vueltas sin más. Las hojas caen de sus ramas, en una desafortunada danza que presagia la llegada de un nuevo año lleno de nada. Las hierbas amarillentas, moribundas, se mueven al ritmo que les marca un viento denso y perezoso. El día y la noche se han fundido tanto que no si hay luz o no.

Con mis sueños convertidos en ideas, no se hacia donde andar. Me encamino al sur, ¿o es en el norte donde muere la soledad?

Quizás sea mejor esperar… esperar a otra de esas sombras que pasan por mi lado sin decir nada, sólo hablando y hablando. Esperar a otra de esas sombras perfumadas que pasan asustadas por este valle, viendo donde están pero sin querer mirar. Sólo para ver a donde van y simplemente empezar a buscar por otro lado

Mientras tanto, sin saber ni como, ni cuando… palabras atraviesan el aire viniendo a parar a mí regazo. Juguetean con mis ojos, se entrelazan en mis manos, haciéndome el tiempo más cálido y sintiéndome acompañado.

¡Vaya!, ahora todo es aún más raro, ni este valle me resulta tan solitario, ni me siento tan desorientado.

Son sólo palabras, le digo a mi oído cansado, pero por ahora me bastan para buscar la salida de este mi valle sagrado.

1 comentarios:

Khiara dijo...

El mundo gira, pero no para todos, para algunos es como si el tiempo se detuviera y se sentara a nuestro lado y la soledad se viniera escurriendo quien sabe desde que lado para instalarse un momento junto a nosotros. A veces uno se enamora tanto de la soledad que se le olvida lo que es estar acompañado.

Las palabras siempre nos acompañan y es mejor si ellas se hablan solas y las escuchamos, es ahí donde se termina la soledad, se vienen los recuerdos y nos da paso a la melancolía.

¿Dónde estás?