martes, 11 de septiembre de 2007

Bestia Maldita

¡Maldita bestia impía!... hija de la oscuridad... esclavo del desaliento... sucio traidor y embustero. Te muestras cariñoso y suave, hasta que descubres lo que más quiero. Entonces sacas tu garra de diablo y de un movimiento tirano, lo arrancas de mi lado como amputas un dedo sano de un tajo.

¡Bastardo hijo de la oscuridad! traes con tu susurro engaños, que se me cuelan por las narices envenenándome el cerebro, con esa suavidad tuya, propia de rameras e hipócritas.

Ahí te muestras, seguro, alto y decrépito a mis ojos pareces, apestando el ambiente con mentiras de romero y lavanda perfumadas. Monstruo oscuro de fría piel muerta, te plantas ante mi alma dormida, poderoso y altanero como el galán almidonado que se cuela en cualquier corazón desolado, plantando miseria y ruina, impidiendo que alli vuelva a germinar algo, tal vez para toda la vida o tal vez sólo unos años.

Aquí te acercas, rastrero y sinuoso como de costumbre. Rondarás a mi alrededor despacio y entre las sombras tal y como has hecho desde el primer día. Poco a poco irás bailando esa danza fúnebre moviendo con soltura tu capa negra, haciendo que simplemente roce con mi mejilla de izquierda a derecha, en una caricia tan suave y tierna que me hace sentir un alba de primavera. Acariciándome de abajo a arriba la espalda, como la brisa marina en la playa. Pasando la negra capa de atrás a delante, separándome de donde estoy durante unos segundos que parecen interminables, sumiendo mi alma y mi vida en armoniosa danza divina, que tu y yo ahora sabemos, que es una mentira.

Pero hoy… hoy no es tu noche ¿verdad hijo de mil putas? Hoy te sientes desconcertado, sin querer salir de tus sombras, acechado y observado por mis ojos, que ya no controlas. No esperabas encontrar resistencia esta noche, que aún me queda algo por decir aunque sólo sea un grito de muerte antes de la muerte. No esperabas encontrarme aquí de pie, mirándote frente a frente. Y no te preocupes por ese nuevo sentimiento que en ti crece, lo huelo, es sólo miedo al verme.

No.

Esto entre tu y yo no es un duelo entre caballeros, no es una riña por las pelusas, no es una trifulca. Esto entre tu y yo es hasta que me mates o te mate. Esto entre tu yo es, criatura inmunda, a muerte.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Uno de los mejores deahogos q pude leer en este ultimo tiempo y con el cual me siento mejor dentro de mi propio dolor.