De hielo, polvo y orgullo están hechos los tapones de tus oídos. Con la arrogancia de un necio, lanzas tú último y más colosal grito. Esperando que ese mundo, que yace dormido, se despierte y vea el pedestal en el que estas subido, ¿y quien dice que no sea, por mandato divino?
De piedra son tus ojos, seda empapada en veneno es tu boca y tu sonrisa una mueca, más que hueca, vacía. No eres del ayer, no estas hoy, sólo vivirás mañana. Caminas por el mundo sin dejar abrir los ojos a tu doctrina, siembras discordia donde podía haber crecido armonía, ¿y quien dice que no sea, por voluntad divina?
Alzo mi vista al cielo y te contemplo. Eres alto, fuerte e inteligente, guapo, pletórico, ascendente. Envuelto en tu túnica de lino blanco, reflejas los rayos del sol que me acarician e iluminan la cara. Tanta gloria y esplendor, para nada. Tu, subido en tú pedestal, estas a parte de esta realidad, ¿no prefiere ver, oír y bajar del pedestal antes de opinar su santidad?
No existen ídolos, sólo gente desesperada.
viernes 12 de octubre de 2007
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1 comentarios:
¡Qué maravillosa forma de decirlo!
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