Vivimos en este mundo libre. Gracias a infinitos esfuerzos de personas anónimas, conocidas, individuales y el contingente de la masa social ha conseguido, a través del tiempo, avances indiscutibles en el respeto hacia los demás y la posibilidad de expresar nuestros sentimientos a través de innumerables actos. Gracias al sacrificio de tantas y tantas personas, hoy por hoy podemos vestirnos como queramos, peinarnos a nuestro aire, elegir a nuestro gusto el color del coche, tipo de móvil, millones de salva pantallas que tratan de decir al mundo como somos o nos sentimos. Podemos elegir, en este mundo libre, con quien nos relacionamos, los lugares a donde vamos, entre más de cien restaurantes de comidas distintas, donde ir en vacaciones… en definitiva, somos amos y señores de nuestras vidas.
¿Sí?… claro que después viene la letra pequeña, esa que ni el tiempo, ni los libertadores del mundo han conseguido borrar… siempre y cuando pagues los impuestos, acates unas leyes tibias; creadas, en otros tiempos y en realidades bien distintas, por personajes a miles de kilómetros de distancia. Recibas una educación programada y estructurada porque la vida no enseña nada. Siempre y cuando tengas un trabajo bien pagado y valorado por los demás, eso sí, fijo y sin vocación a ser posible. Una casa prestada por el banco durante cuarenta, o treinta años si has tenido más suerte. Ser feliz si consigues ver el fútbol un domingo por la tarde. Ver como se crían como extraños esos a los que llamas hijos y como se convierte en extraño, día a día, esa que firma como cónyuge. Ver como tus sueños se han convertido en un plan de pensiones. Sabiendo que esos extraños que has alimentado, año tras año, no sabrán quien eres cuando estés arrugado.
Pero tranquilo, tras todo eso, seguimos siendo libres y acumulamos derechos humanos; siempre y cuando haya dinero para pagarlos. ¿No es lo que sucedia hace mil años?.
¿Sí?… claro que después viene la letra pequeña, esa que ni el tiempo, ni los libertadores del mundo han conseguido borrar… siempre y cuando pagues los impuestos, acates unas leyes tibias; creadas, en otros tiempos y en realidades bien distintas, por personajes a miles de kilómetros de distancia. Recibas una educación programada y estructurada porque la vida no enseña nada. Siempre y cuando tengas un trabajo bien pagado y valorado por los demás, eso sí, fijo y sin vocación a ser posible. Una casa prestada por el banco durante cuarenta, o treinta años si has tenido más suerte. Ser feliz si consigues ver el fútbol un domingo por la tarde. Ver como se crían como extraños esos a los que llamas hijos y como se convierte en extraño, día a día, esa que firma como cónyuge. Ver como tus sueños se han convertido en un plan de pensiones. Sabiendo que esos extraños que has alimentado, año tras año, no sabrán quien eres cuando estés arrugado.
Pero tranquilo, tras todo eso, seguimos siendo libres y acumulamos derechos humanos; siempre y cuando haya dinero para pagarlos. ¿No es lo que sucedia hace mil años?.
...
"El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades, sino en reducirlas voluntariamente; pero para eso hace falta ser humildes". MAHATMA GANDI.
No hay comentarios:
Publicar un comentario