martes, 27 de febrero de 2007

Esperando a Penélope

He sufrido, he llorado, he matado y hasta me han matado... Aquí sigo, ahora ya sentado espero, que se abra la puerta de un corazón enamorado.

Mi armadura ya esta oxidad por el tiempo que he empleado esperando. Mil veces paso el Sol, mil veces la Luna y aquí estoy sentado.

Hundí mi espada en el corazón de la Tierra sin saber que alma había debajo, ahora miro al infinito sin pensar que estoy pensando, en todos eso días marchitos que ante tu puerta se fueron volando.

¡Maldita seas Penélope! y ¡el tapiz que andas bordando! ... tan encerrada te has quedado, que ni recuerdas donde la llave has guardado. Prisionera de tu tiempo, de tu llanto y tu reclamo... tu tapiz usas por venda, que ignorante has quedado. Sumida en las tinieblas que tu pobre corazón ha creado, desde que un río cruzo tu camino y ningún otro has buscado. Sólo has andado "el de siempre", hacia arriba y hacia abajo... maldiciendo siempre al río que lo ha cortado.

¡Palabras!, ¡palabras! y ¡más palabras! arden en tu interior atormentado sin imaginarte si quiera, que quien tu esperas... te está esperando.

Ya no temo a la muerte, ya no me da miedo el fracaso... aquí esperándote he aprendido... que morir solo es un paso. ¡Mira atrás cuanto quieras!, y no olvides tu llanto ... ¡enciérrate en tu mazmorra o tu torre!, sigue cosiendo ese engaño, piensa que la vida no es mas que muerte, disfrazada de encanto. ¡Pero no cedas a la desilusión de tus noches de hace años!, porque sabes que no es justo ni para ti... ni para quien te anda esperando.

Ahora entiendo mis palabras, cuando mi vela aun no se ha agotado. Rebotaron en el cristal, de tus ojos vendados, y se hundieron en mi corazón desesperado. Solo el eco de mis palabras me han acompañado, bajo la lluvia y el sol mientras estaba aquí esperando.

No se cuanto tiempo seguiré aquí sentado, mirando al infinito... sin pensar que estoy pensando.

domingo, 25 de febrero de 2007

Rito de la Saturnalia

"Esta es la noche del solsticio, la noche más larga del año. Ahora las tinieblas triunfan y aún así todavía queda un poco de luz. La respiración de la naturaleza está suspendida, todo espera, todo duerme. El Rey Oscuro vive en cada pequeña luz. Nosotros esperamos al alba cuando la Gran Madre dará nuevamente a luz al sol, con la promesa de una nueva primavera. Así es el movimiento eterno, donde el tiempo nunca se detiene, en un círculo que lo envuelve todo. Giramos la rueda para sujetar la luz. Llamamos al sol del vientre de la noche. Así sea."

Rito de la Saturnalia. Solsticio de Invierno en Roma

Adios

¡Adiós!, dije al cerrar la puerta aquella noche.

No sabia que pasaría después, aunque aquello rondaba en mi cabeza desde hacia años, nunca pude imaginar lo que venia después.

Días raros, de hace tiempo olvidados, volvieron a mi vida abriendo se paso entre las ruinas de mi casa encantada, sin que hubiera ventana, puerta o mesa que pudiera usar para impedirles el paso.

El invierno, me dije pausadamente. Mientras observaba que las nubes negras que se aproximaban tras las montañas, se arremolinaban y predecían días de lluvia y noches de nada.

Sin nada más que hacer, que reconstruir mi vieja morada, me puse en marcha y ¡a trabajar!, que dicen que el trabajo es el mejor medico del alma… mi alma… y fue a ahí, en ese condenado momento cuando me di cuenta que ¡no estaba!.

Un sudor frío me recorrió la espalda. Mis manos temblaban… y ni a encontrar mis rodillas atinaban. La cabeza me colgaba, como a “los Juas” de San Juan que en las noches de verano se quemaban.

Las nubes se acercan, palmo a palmo ¡aunque no mirara!... y yo aquí… en una casa derribada, sin techo, ventanas… ni alma…

¡Calma, calma!, ¡tienes que encontrarla!, y como pude me levanté y empecé a buscarla…. Con un trozo de tabla me ayudé y moví los escombros de mi casa encantada, la biblioteca, el salón, el aseo, la cocina, la despensa… ¡ya sé!... donde yo jugaba. Hacia allí dirigí mis pasos, moví los cascotes de aquel cuarto… ¡y allí!... no estaba.

Agotado y desolado me tumbé, en un trozo de pared derribada, viendo caer la noche y como las nubes se acercaban…

No recuerdo cuanto tiempo allí tumbado me tiré, si fueron días, horas o a penas nada… sólo que desperté al alba, con las primeras lluvias que sobre mi se cerraban.

El techo que quedaba se movía como una hoja en el agua… todo estaba igual sólo que las nubes, sobre mi lloraban. Aturdido me incorporé y pronto comprendí que no había soñado nada… todo derribado y yo… sin alma.

Mojado y hambriento fui hasta donde un trozo de techo quedaba. Con algo de esfuerzo y el ingenio que me quedaba, apuntalé aquellas maderas para pasar la noche helada, pero pronto comprendí, que aquel maldito invierno, no dejaría que me escapara.

¡Dios, Dios, Dios! Las nubes sobre mí, mi casa derribada, y para colmo de males… ¡yo sin alma!

Mi cuerpo empezó a sacudirse, las nubes lloraban desesperadas, y un extraño ruido a mí alrededor me aturdía y ni pensar me dejaba. Era un sonido intermitente, como si un martillo urgente un clavo golpeara. Al andar en estos pensamientos, de pie, mojado en lo que del salón quedaba. Supe que el sonido no era más ¡que mis dientes! Que mi muerte anunciaba.

Las nubes negras corrían, se empujaban y pegaban para ver la ruina, a través del techo, que me albergaba. Sus risas de truenos me enloquecían y se extendían hasta donde mi vista daba, así que decidí abandonar mí búsqueda… y mi casa encantada.

Arrastre los pies hacia la entrada… mientras lloraba y lloraba… no quería abandonar mi casa, ni mucho menos mi alma… pero mi vida en eso andaba.

Mi vida…en eso pensaba al cruzar el porche de mi vieja casa derribada…quería imaginar que me esperaba… ¡Una buena mujer!, madre abnegada. ¡Un piso en el centro!, con zona ajardinada. ¡Con suerte algún hijo!, que no se drogara. ¡Dos coches!, por si uno no bastaba…

Entre esos pensamientos, en mi mente se agolpaban, recuerdos de cuando construí mi casa encantada…Las maderas para el techo, las tejas y los clavos que necesitaba. Todo lo que sufrí amontonando piedras planas, para tener recias paredes que mi familia cobijaran. El enfoscado, cables, tuberías y ventanas. Todo lo había hecho con mi cabeza… y mi alma.

En ese momento, el frío viento del norte arreció. Sentí un calor, justo ahí, en el corazón.
Apreté los dientes y reuní todo el valor. Me encaminé a mi casa, ¡tenía la solución! Corrí cuesta arriba, volví a sentir calor… cruce el porche… el distribuidor…pase por la cocina, después el salón… llegue hasta el pasillo… ¡y no vi nada!

¿Dónde estará? ¡Busca, busca! , me latía el corazón… Las nubes se percataron de mi intención y un mar de agua sobre mi descargó. Un rayo, el tiro de la chimenea cortó.

Las nubes se reían con fuerza y los rayos caían a mí alrededor… y ese… fue su error. Uno de sus rayos por un segundo iluminó, el trozo de pasillo que buscaba con desesperación.

Hacia allí dirigí mi mirada… y con el último esfuerzo retire los escombros que se amontonaban. Mi corazón latía de emoción… y de un tirón… abrí la trampilla de aquella olvidada habitación.

Resbalé y caí dos tramos de escalera… ya dentro me arrastre hasta la que era mi meta… y allí pude verla… firme, calidad, vivaz, sonriente… donde yo mismo la había puesto aquella primavera…

Mi alma… justo ahí… donde los cimientos de mi casa encantada se unen a la Tierra.

Fui hasta ella… me enrosque a su alrededor, recibiendo su acogedor calor, y espere cómodamente a que pasara la tormenta.