Que hueco, casi con eco, suena un “te quiero” en unos labios henchidos de egoísmo. Rejuvenecedoras palabras, que usadas a destiempo, te condenan a un abismo eterno del que sientes a cada paso que no hay vuelta atrás.
Inhóspito y desconocido suena el “te quiero”, que despacio y callado se cuela por tu oído dolorido y marchitado. Lejos quedaron, en otros mundos u otros tiempos, aquellos sentimientos que te alimentaban y te bastaban para seguir subiendo.
Ahora un silencio, conocido, esperado, no añorado, se instala cómodo y sosegado en tu seno. Apenas lo sientes como la brisa del mar en primavera o el canto de los pájaros junto después de una tormenta. Pero vas notando como poco a poco te consuela. Te susurra, te acaricia, te desarma, te relaja.
Los segundos se encaminan hacia los minutos y estos hacia horas que parecen que no llegan y se van sin que te des cuenta. Todo es ya relativo o no tiene sentido, ni el aire es ya tan transparente ni las calles parecen tan rectas. “La Vida da vueltas… gira y gira”; reducir Vida a una entidad de persona, finita y diminuta. Condenándola a girar sobre si misma por los siglos de los siglos, no te parecerá una frase de consuelo sino un galimatías sin sentido.
Nada de lo que cohabita a tu alrededor podrá nada ya. Sólo los dictámenes del silencio serán tu faro, marcando tu camino aunque la marea te empuje hacia el otro lado.
Pero no, no creas que aquí acaba todo. Si nada es para siempre, todo será para nunca, ¿verdad? Entonces el silencio que hoy lo es todo, mañana no lo será. Poco a poco empezarás a andar, antes que te des cuenta volverás a escuchar, siempre con mesura y despacio el sonido te empieza a acompañar. Aunque a veces huyas y busques ese silencio que tanto te ha dado.
Así, sin darte cuenta, casi sin venir a cuento, te percatas que la orquesta vuelve a entonar; por supuesto, al principio, lejana y distorsionada; la banda sonara de “La Vida”, expresión con mucho más sentido ya. Ella va dando paso, como si de instrumentos se tratara, distintos ecos del mundo que cohabita por donde tu estas, risas del fondo de la sala, amaneceres estelares, frases que no ayudan pero se agradecen, susurros a escondidas y hasta te aventuraría muchos “te quiero” más.
De esos “te quiero” que no te dejan hablar, que te secan la garganta y te cambian el corazón por un tambor tocando a carga. De los que el primero te da mucho miedo, pero después no puedes vivir sin ellos. Los que suavemente te despiertan por la mañana, te dan ganas de ir al trabajo, llenan, alegran y reconfortan tú alrededor aunque estes en tu propio entierro. De los que te rejuvenecen y ni el tiempo es de ellos rival.
Claro que también volverán los que creías olvidados, que no lo están.
No te preocupes.
Para entonces ya los sabrás identificar y aún así, a veces te engañarán. Eso sí que es Vida; unas se toma y otras se da. Asume las que te engañen, como pago de las que engañaste ayer o engañarás…
... pero no te entretengo más. Se que todo esto, en el momento en que te encuentro, no tiene sentido, ni trataras de encontrarlo.
Te dejo con tu silencio.
sábado 2 de febrero de 2008
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