Por primera vez en mucho tiempo; tanto que ni recuerdo haya existido la última, no hay nubes que ensombrezcan el camino, ni mentiras a mi mismo que emborronen mi destino. Los días son claros y cálidos cuando estas hasta donde abarcan mis brazos, y largos cuando es el ocaso del sol quien marca la puerta que da a tu habitación.
Ni brujas, hadas, ninfas ni nada salido de una flor de azahar. Sólo tu, morena de ojos verdes, que parece empujar mi vida a la libertad. Una mujer, como no, un sueño como un beso por la mañana al despertar, un espíritu libre e inmenso como el mar, una luz errante en el firmamento que viene a mis brazos a descansar.
Nada parece imposible.
Nada.
La misma nada que hasta hace días me desorientaba y ni me dejaba respirar. La misma y tan distinta como el antes y después entre aquellos dos coches; vigilantes durmientes de acero, testigos del nacimiento de lo eterno, testigos de un amor sin miedos, el uno volcado en el otro; como las olas acarician la costa, guiadas por las mareas producidas por el baile celestial.
Y si viene el mismo Dios a reclamar su ángel caído... aquí me encontrará, en mitad del camino, para no dejarle pasar.
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1 comentario:
En serio...deberias de creerte que eres especial y sobre todo que tienes una mente privilegiada, plagada de virtudes y grandes sentimientos...no dejes nunca de expresarlos asi.
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